Del enamoramiento al Amor: un recorrido humano (II)

Tertúlia amb Javier Vidal Quadras a Tous el 17 de juliol de 2009

2.- El descubrimiento del amor.

En primer lugar, el amor matrimonial ha de ser humano y total. Humano, es decir, poniendo en juego todas las facultades y potencias humanas, de modo que hay que poner el corazón al servicio de la voluntad y saber concitar todas nuestras tendencias, nuestra sensualidad, nuestros afectos y dirigirlos al amor (¡esto es la castidad matrimonial!: no la negación de la sexualidad, sino su aceptación gozosa y su orientación al amor, al amado, evitando que tome otras direcciones). Total, es decir, mediante la supresión de toda reserva: lo amado es la entera persona del otro y cualquier exclusión, cualquier rechazo o reducción constituyen un ataque a la dignidad de la persona humana, que es una e indivisible. Por eso hay quien ha dicho que hay que amar a nuestro cónyuge “con sus defectos”, pues otra cosa es la utopía, no se pueden extirpar los defectos (ojo, es distinto amar con sus defectos que amar sus defectos).

Sentadas estas premisas, el amor matrimonial es:

 

Ahora bien, todo lo dicho hasta aquí es muy bonito…, y uno puede fácilmente estar de acuerdo: pero el gran reto es su realización, hacerlo vida y experiencia personal. Y para ello no bastan los conceptos: la teoría se ha de hacer vida, lo que requiere ATREVIMIENTO. “La mayoría de personas no se atreven a conseguir lo que esperan, lo que desean, pero hay una falta de atrevimiento más grave y radical: no atreverse a desear porque eso no tiene curso legal, no es ‘lo que se desea’” (Julián Marías). Y es cierto, o ponemos los medios o toda esta bella teoría quedará en letra de manual. Hay que atreverse a ser feliz en el matrimonio. ¿Cómo?

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